Para comenzar, ¿puedes presentarte y explicar brevemente tu rol en Finlight?
Soy ingeniero especializado en sistemas de almacenamiento energético, también conocidos como BESS. Formo parte del equipo técnico que trabaja en el diseño y desarrollo de este tipo de soluciones dentro de Finlight.
Mi trabajo consiste en diseñar, analizar e integrar soluciones de almacenamiento, asegurando que estén correctamente planteadas tanto a nivel técnico como operativo.
Participo en todo el ciclo del proyecto, desde la definición inicial hasta la optimización en operación, con un objetivo claro: que el sistema no solo funcione, sino que genere el máximo valor posible para el cliente.
El almacenamiento energético ha evolucionado muy rápido en los últimos años. ¿Cómo lo estáis abordando en Finlight?
Las baterías llevan tiempo con nosotros, pero es ahora cuando el contexto energético las ha vuelto mucho más relevantes.
Con la alta penetración de energía solar en el sistema eléctrico, hemos pasado a lo que se conoce como curva de pato, con precios muy bajos en las horas centrales del día y más altos en otros momentos. Esto ha hecho que el almacenamiento se vuelva necesario para gestionar esa descompensación y aportar mayor flexibilidad al sistema.
Aunque ya se venían instalando baterías en industria, comercio e incluso en residencial, principalmente con foco en maximizar el autoconsumo, el verdadero punto de inflexión fue el apagón del año pasado.
Fue entonces cuando muchos usuarios vieron que, aunque disponían de generación, su sistema no podía dar suministro sin red. En ese momento, el almacenamiento dejó de verse únicamente como una herramienta de ahorro y empezó a entenderse también como una solución de seguridad y continuidad energética, además de un activo capaz de aportar flexibilidad operativa.
Desde Finlight abordamos este cambio con una visión muy orientada al uso real del cliente. Realizamos estudios técnico-económicos en detalle para cada caso, analizando su perfil de consumo, su curva de demanda, su exposición al precio de la energía y sus necesidades operativas.
A partir de ahí, diseñamos la solución más adecuada, buscando siempre el equilibrio entre ahorro, eficiencia y fiabilidad del sistema.
No hay dos proyectos iguales: cada cliente tiene un contexto distinto y nuestro objetivo es adaptar el sistema para cubrir sus necesidades concretas, maximizando el ahorro y optimizando su rendimiento a lo largo del tiempo.
Esto implica definir claramente qué papel va a jugar la batería dentro del sistema y qué valor debe aportar.
Además, revisamos continuamente las soluciones de los principales fabricantes para mantenernos alineados con las últimas tendencias del sector, trabajando siempre con los estándares más altos de seguridad, que es una de nuestras prioridades.
Existe cierta confusión en torno al papel de las baterías. ¿Cuál es el principal malentendido?
El más habitual es pensar que la batería sirve únicamente para almacenar excedentes.
Y aunque esa es una de sus funciones, es solo una parte del valor que puede aportar. Cuando el sistema se plantea únicamente desde ese enfoque, se pierde gran parte de su potencial.
Además, esto lleva a situaciones donde el cliente cree que tiene ciertas capacidades, como el respaldo energético de cargas críticas, que en realidad no están contempladas en el diseño.
Entonces, ¿qué papel debería jugar realmente un sistema BESS?
Un sistema de almacenamiento bien planteado no es solo un elemento más dentro de la instalación, sino una herramienta de gestión energética que permite tomar control sobre cómo, cuándo y cuánto se consume la energía.
Su valor no está únicamente en almacenar, sino en optimizar el uso de la energía en función del contexto del cliente y del sistema eléctrico.
En ese sentido, puede aportar valor en distintas dimensiones:
- Autoconsumo y ahorro directo: desplazando energía a los momentos de mayor necesidad.
- Optimización de costes: adaptando el consumo a la estructura tarifaria.
- Gestión de la demanda: reduciendo picos y evitando penalizaciones.
- Respaldo energético o backup: garantizando continuidad de suministro.
Pero lo más relevante es entender que el almacenamiento no responde a una única función. Su valor real está en la capacidad de combinar distintos usos en función del caso, lo que hace que el diseño y posterior gestión sean puntos críticos.
Además, en determinados contextos, el almacenamiento puede tener un papel adicional dentro del sistema eléctrico, participando en servicios auxiliares o en mecanismos como el SRAD, lo que refleja cómo estos activos están empezando a integrarse de forma más activa en la operación del sistema.
Por otro lado, en entornos donde existen limitaciones de red, el almacenamiento permite resolver un problema cada vez más habitual: la falta de capacidad disponible en la red de distribución.
Esto se traduce en algo especialmente relevante hoy en día: la posibilidad de aportar potencia en firme y permitir el crecimiento de la actividad en ubicaciones donde, de otro modo, la red no lo haría posible.
Has mencionado el backup. ¿Qué importancia tiene este aspecto?
Es clave, y además es donde muchas veces se generan malentendidos.
Existe la percepción de que tener batería implica tener suministro en caso de fallo. Es lógico pensarlo, pero en la práctica depende completamente de cómo esté diseñado el sistema. Y aquí es donde entra la diferencia técnica.
La mayoría de los inversores fotovoltaicos convencionales están diseñados para operar en modo grid-following, es decir, necesitan una referencia externa de tensión y frecuencia para funcionar: “siguen” la red. Cuando esa referencia desaparece, como ocurre en un apagón, dejan de operar automáticamente.
Además, por normativa, estos sistemas no pueden funcionar en modo isla. En España, esto está ligado a los requisitos de conexión a red que regulan el comportamiento de los inversores conectados a red.
Estos requisitos obligan a que el inversor deje de inyectar energía y se desconecte automáticamente cuando detecta una pérdida de tensión o frecuencia en la red. Esto es lo que se conoce como protección anti-isla, cuyo objetivo principal es garantizar la seguridad del sistema eléctrico.
Si un inversor siguiera operando durante un apagón, podría energizar líneas que se consideran desactivadas, lo que supondría un riesgo crítico para los técnicos que trabajan en su reparación. Además, generaría problemas de estabilidad, ya que el sistema quedaría funcionando sin una referencia clara de control.
En cambio, los sistemas con baterías incorporan inversores capaces de operar en modo grid-forming, es decir, pueden generar su propia red creando una referencia de tensión y frecuencia estable. Esto es lo que permite tanto el funcionamiento en modo backup como en instalaciones completamente off-grid, por ejemplo, en ubicaciones remotas.
Ahora bien, para que esto funcione correctamente no basta con añadir una batería. Es necesario un diseño adecuado que tenga en cuenta el perfil de consumo del cliente, incluyendo aspectos críticos como los picos de arranque de cargas como motores o compresores, así como sistemas de conmutación rápida capaces de pasar de modo conectado a modo isla, desconectado de la red, en milisegundos.
En muchos casos, hablamos de tiempos inferiores a 20 ms, lo que permite que el usuario ni siquiera perciba el corte.
Además, estos sistemas pueden diseñarse de forma flexible, reservando un porcentaje de la capacidad de la batería para respaldo, mientras el resto se utiliza en operación normal para autoconsumo o peak shaving. Esto permite combinar seguridad de suministro con rentabilidad del activo, que es uno de los puntos clave en el diseño de este tipo de soluciones.
¿Qué papel juega la integración en este tipo de proyectos?
Es fundamental.
Cada vez vemos más soluciones híbridas, donde el almacenamiento trabaja junto a generación renovable y otros sistemas. Esto exige una integración completa, tanto a nivel eléctrico como de control.
Pero más allá de la integración técnica, el punto clave está en cómo se comporta el sistema en operación. No basta con que cada elemento funcione por separado: es necesario que todo el conjunto esté coordinado y responda de forma coherente en función del uso real.
En Finlight trabajamos de forma muy coordinada entre diferentes equipos, especialmente entre almacenamiento, ingeniería y operaciones, para asegurar que los sistemas se diseñan y operan con una visión común.
Además, el hecho de contar con activos en operación con baterías nos permite trasladar aprendizaje real al diseño de nuevos proyectos, ajustando mejor las soluciones a lo que realmente ocurre en campo.
¿Cuál es el gran reto hoy en día en almacenamiento energético?
El gran reto es la rentabilidad.
Una vez entendidas todas las capacidades del almacenamiento, la clave no está en utilizarlas todas, sino en seleccionar aquellas que realmente aportan valor en cada caso.
La rentabilidad no viene de hacer más cosas, sino de hacer las adecuadas. Además, empiezan a aparecer soluciones que incorporan inteligencia predictiva, capaces de anticipar el comportamiento del sistema en base a patrones de consumo y previsión de generación, especialmente fotovoltaica.
Esto permite ajustar la operación de la batería de forma más eficiente, optimizando su utilización en función de lo que realmente va a ocurrir.
El reto está precisamente ahí: en encontrar el equilibrio entre todas estas variables y evitar soluciones sobredimensionadas o mal enfocadas.
Una reflexión final sobre el almacenamiento energético
El almacenamiento energético va a ser una pieza estructural del sistema energético.
Pero su valor no está en la tecnología en sí, sino en cómo se plantea, se dimensiona y se opera.
No se trata de añadir una batería, sino de gestionar la energía de forma inteligente y alineada con las necesidades reales del cliente.
Cuando el sistema está bien diseñado, el almacenamiento deja de ser simplemente un elemento técnico y pasa a ser una herramienta real de gestión energética: permite optimizar costes, reducir riesgos y mejorar la toma de decisiones.
Al final, el valor no está en tener la tecnología, sino en saber utilizarla en el momento adecuado y con el enfoque correcto.
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